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#Torreón. VIVIR ENTRE SOMBRAS Y REFLEJOS

AL LARGUERO

Por Alejandro Tovar

Cuando el futbol y el negocio nos miran de frente, esos sus ojos tienen un tono mitad vulgar, mitad elegante. Son miradas que matan, son mitad todo y mitad nada. Porque en el carnaval del mundial, desfile de artistas que a veces quieren escapar de sus propios personajes, se nota en los jugadores el sello de su carácter a la hora de los himnos, porque unos no cantan y miran al piso, por introvertidos, otros lo hacen con el chicle en la boca, algunos cantan quedo como si su corazón palpitase como niño. Se admira a quienes lo hacen a gritos, casi con el corazón saliendo del pecho.

Nosotros sabemos que las redes sociales están hechas para tener cautiva nuestra atención y que somos sombras manipulables que nos dejamos llevar como ovejas al matadero, por toda la expectativa que nos tiene atados a la pantalla. Y es donde aparecen los modernos periodistas (ahora cualquiera ya lo es) que hacen un periodismo lejano a la curiosidad, al estudio y al cuidado de la redacción, olvidando las reglas gramaticales. Son escritores exóticos que ahorcan la ortografía

Con la lluvia de partidos se cae en un tedio extraño, como máquina desajustada. Varios, al estilo de Zamogilny, Puente Jr. y algún otro nos indican, quienes para ellos deben salir y los que deben ingresar a la cancha, cuando su labor es comentar jugadas y no tomar el papel del director técnico que jamás serán. Hay otros cuyas especulaciones van más lejos y quizá hasta advierten que son infieles. Sobre todo, ellos siempre apresurados, se olvidan de la “S” como si no existiera.

El mundial es un laberinto, nos deja ver de todo, es como caminar por un bosque en la niebla, donde a menudo la bondad le gana por goleada al odio, a la discriminación y al desprecio racial. Se mira que muchos competidores anteponen su garra y determinación porque varios juegan desde antes del partido contra un rival común: el miedo, pero como la esencia del hombre de futbol es ser libre y feliz, el fan ilusionado se deslumbra con el bello desequilibrio de un regate.

Cuidar la atención hacia lo que nos rodea, es en realidad una decisión valiente. Uno aprende de todo en este tiempo. Muchos van al libro de las excusas y culpan a todos de su fracaso. Por eso rescatamos lo que dijo Joshua Kimmich, el capitán alemán, todo un ejemplo de valor y dignidad: “No nos enfrentamos a ningún rival de primer nivel. Salvo el primer partido que fuimos contundentes, tuvimos grandes problemas con tres equipos que no son de clase mundial. Nosotros, los jugadores, fallamos y asumimos la responsabilidad. Merecimos ser eliminados”.

Aunque todavía falta un largo trecho por recorrer, la historia escrita al momento nos deja lecciones de vida y a medida que unos acumulan su frustración, otros no aceleran porque temen una celada. Es un mundial donde la FIFA manipula y hace el gran negocio comercial, aunque expone a los jugadores ante climas bárbaros con horarios de angustia para que las trasmisiones de tv lleguen a Europa y resto del mundo a “buena hora”. Es una esclavitud con casacas de colores y aún así, para complacer a las empresas, FIFA exige que usen los uniformes “B” para que se muestren todos, cuando lo clásico es lo que enamora, fueron las casacas originales que al verlas por vez primera se convirtieron en un hechizo, pues el futbol es la única religión sin ateos.

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